Salimos a la contra señores. Nosotros nadamos río arriba que tiene más mérito. Vamos a darnos de cara contra todo lo malo que abunda en el mundo, para cambiar el nuestro. Nuestra tribu va a guerrear y a ganar la batalla, avanzamos a paso firme hacia la pugna. Nuestra porfía no derramará sangre, pero sí requerirá heroísmo. Nuestro objetivo como líderes es luchar contra los enemigos de nuestro ideal: los anti-líderes, esos que se las dan de. Donde haya egoísmo, nosotros pelearemos con generosidad; donde impere la mentira, nosotros diremos la verdad; ante la altanería, llaneza; ante la prepotencia, humildad; ante el enfado, una sonrisa; ante la intolerancia, concordia; ante los que se escuchan, nosotros escuchamos; ante los que se gustan, nosotros gustamos. No podemos cambiar a toda la sociedad pero sí podemos cambiar a nuestro círculo. Salimos a la contra para eliminar lo que nos disgusta, salimos a la contra para marcar goles en la portería del egoísmo.

Cuando somos gentiles, comprensivos y exigentes estamos marcando goles al adversario de la arrogancia y la dejadez. Situaremos en punta a nuestro «nueve»: la amabilidad, que le gana fácilmente la espalda a los centrales de la insolencia. No sé en el fútbol, pero en la vida no hay equipo malo, lo que hay son malos entrenadores, por eso es tan importante que nos formemos como líderes, porque obtendremos equipos ganadores más felices. Para este partido también es precisa la preparación individual de cada uno de nosotros. Todos somos líderes si somos capaces de influir positivamente en los demás. ¿Un becario puede ser un líder? Claro que sí, porque aspira como mínimo a ser líder de sí mismo y contribuyente a mejorar su entorno. El autoconocimiento, el autoconcepto es el primer elemento para conquistar el liderazgo. Los otros dos son la generosidad y la humildad. Actualmente estoy leyendo «El liderazgo al estilo de los Jesuitas» y es un libro que me está fascinando. San Ignacio de Loyola fundó una institución que ya dura 500 años en el que la primera regla era el conocimiento de sí mismo (me ha impactado que yo había llegado a esa misma conclusión por mi cuenta). Claro, porque conocerme es el primer paso para proyectarme hacia los demás con virtud, con generosidad. El autoconocimiento de fortalezas y defectos es la preparación personal de este partido que jugamos a la contra.

Como me conozco bien, trato de potenciar mis virtudes y limar mis defectos, sobre todo los que más irritan a los miembros de mi equipo. Vamos a la contra porque muchos jefes asumen que sus subordinados tienen el deber de aguantarles todos sus fallos. Nosotros como líderes, trataremos de que nuestra personalidad sea lo más atractiva posible para todos. Y eso hará que nos tomen más afecto y que se sientan más motivados. Nada hay más desmotivador que tener un jefe al que no podemos soportar. Que nuestra forma de ser atraiga. Este es quizá el trabajo más duro del que quiere llegar a ser un líder, el conocimiento y dominio de uno mismo, que el autor Daniel Goleman denomina inteligencia emocional.

Evita egoísmo y egocentrismo
Otro ataque a la contra debe ser vencer nuestro propio egoísmo. Muchas veces por comodidad, por afán de lucimiento o por codicia, pensamos en clave «yo». A algunas personas esto les parece de lo más natural, pero el egocentrismo es dañino para el liderazgo y peor aún resulta el egoísmo. Son conceptos diferentes pero ambos perjudiciales: ser egocéntrico es sentirse y actuar como centro del universo. El egoísmo es la ausencia de amor en los actos que realizamos, buscando sólo el provecho propio. La antítesis del amor no es el odio, es el egoísmo. No se pretende amar a un compañero de trabajo con la intensidad con la que se quiere a un hijo, pero el afecto hay que procurarlo y cultivarlo. La generosidad, hija primogénita del amor, es lo que nos convierte en buena gente.

También salimos a la contra cuando le decimos la verdad a nuestro equipo. A veces no será apropiado que conozcan toda la verdad, en tal caso nos callaremos antes que mentir. La mentira corrompe la virtud, nos hace menos íntegros y por lo tanto menos fiable. El embustero es alguien en quien no se puede confiar, un anti-líder. Tener la confianza del equipo es condición previa para lograr la conexión emocional que nos convierte en líderes. Ojo, la condición de líder la otorga el equipo, nunca uno mismo, como tampoco un cargo. Se podrá ser jefe, pero el líder se crea porque así lo consideran sus seguidores.

El que le guste el fútbol sabe que las buenas contras combinan técnica, rapidez y combinación en el pase de balón entre los miembros del equipo. En el liderazgo es exactamente igual. Se sale a la contra porque se quiere ganar y en la sociedad actual se precisa ser competitivos. El afán de victoria es siempre imprescindible y de ello hablaremos en otro momento.

 

Carlos González de Escalada Álvarez
Doctor en Ciencias Sociales

 

«Quiero ser un líder»: Si desea aprender técnicas específicas de liderazgo, adquiera ahora nuestro manual pulsando aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

.