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Cómo liderar a tus líderes

El gurú del liderazgo John Maxwell decía que «los líderes no forman bandadas. Como las águilas, vuelan alto y solos». Cuando se tiene una carrera de gestión exitosa, llega un momento en el que el equipo del líder está compuesto por directivos subordinados que a su vez tienen sus propios equipos y objetivos. La solución aparentemente puede ser sencilla: organizarse un equipo donde todos sean grandes líderes. No es tan sencillo, muchos equipos directivos se consolidan a lo largo de los años y cada director puede ser muy diferente del anterior en personalidad, estilo, talante y formación. La cosmovisión de las personas en una organización suele ser muy diferente aunque se compartan fines comunes. Un solo patrón difícilmente casará con cada uno de los líderes que tenemos a cargo.

Si hemos dicho que los tres ingredientes básicos del liderazgo son el autoconocimiento, la generosidad y la humildad, cuando tu trabajo es dirigir a altos directivos esta receta también funciona, pero necesita otros ingredientes. Los tres elementos nos ayudarán a ganarnos el respeto de nuestro equipo inmediato con bondad, siempre con una mirada introspectiva sobre nuestro comportamiento, asumiendo nuestras imperfecciones y fallos. Pero liderar es también el arte de influir en los demás para conseguir unos objetivos y cuando estamos a cargo de otros líderes debemos sumar el sutil conocimiento de la naturaleza humana. Necesitaremos inteligencia y alteridad para poder guiar a un grupo tras una causa.

En estos casos, como en todos, es crucial compartir la visión que tenemos de la organización, hay que explicar hacia dónde nos dirigimos y esa visión debe verse transformada en objetivos y éstos a su vez en tareas concretas y medibles. Si la visión es ser el mejor restaurante vegetariano de la ciudad, hay que trasladar esa aspiración a objetivos, acciones y medidores de éxito. El liderazgo se caracteriza por la acción y lo primero es saber a dónde vamos.

Cuando mis líderes saben la dirección, sí tienen que tener una gran autonomía para cumplir sus objetivos subordinados. Siempre con apoyo de la dirección y con la formación que sea precisa. Yo nunca he contratado a nadie que tuviera un Máster en Liderazgo, en la mayoría de los casos ni siquiera tienen nociones sobre la materia. Pero lo que sí reconoce todo el mundo es el concepto de que el equipo es lo primero; que no valen las escusas y menos descargar la responsabilidad en terceros; que hay que decir la verdad y que hay que ser buen compañero. Eso sí lo entienden todos, incluso los que tienen mejores cargos.

Lidera con tu ejemplo
El líder de líderes tiene que dar ejemplo, no puede tener camarillas de preferidos y usará las mejores capacidades de sus líderes en el puesto que mejor les venga. Hay líderes de despacho y líderes expedicionarios; hay líderes oradores y los hay escritores; hay líderes más controladores y los hay más delegadores; hay líderes que necesitan más información y los hay que la intuyen; los hay más simpáticos o más sobrios, el talento del líder superior es saber colocar a cada uno en puestos donde brillen sus capacidades, asumiendo con alegría la importancia de los tres elementos, cuidando a sus respectivos equipos sobre todas las cosas.

Siempre hay que identificar y reforzar competencias. Nadie es perfecto, a todos nos viene bien trabajarnos y justo es que nuestros subordinados también lo hagan. Muchas veces esas competencias se adquieren mediante cursos en escuelas de negocios, en la universidad, por observación o en otros foros. Pero hay muchas que son de trabajo artesanal de cada uno: control de estrés, templanza, reflexión, empatía, auto-concepto, determinación, valentía. Muchos de los atributos clave de un gran líder no viene en los libros pero hay que inculcarlos.

Ser un líder de líderes es posiblemente el estadio más difícil de esta disciplina. Implica alcanzar a la totalidad del equipo por personas interpuestas, pero he aquí la grandeza: el verdadero líder se afana en hacerse prescindible y dar continuidad a la causa por medio de sus líderes subordinados. Ante todo, el liderazgo es generosidad.

 

Carlos González de Escalada Álvarez
Doctor en Ciencias Sociales

 

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